BERMEO Y LA BODA DE LA PRINCESA JUANA

En diferentes entradas ya os he descrito la trascendencia que tuvo Bermeo a través de diferentes acciones en la baja Edad Media. En esta ocasión os voy a contar la relación y la presencia que tuvo la villa en la boda de la princesa Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, apodada despectivamente como Juana “La Loca”.
¿CÓMO COMIENZA TODO?
Como os podéis imaginar este tipo de matrimonios se gestaban tras unas negociaciones entre las respectivas familias con el objetivo de conseguir asegurar objetivos diplomáticos y estratégicos. En este caso, se pensó en la opción de reforzar los lazos de la Corona Castellana con Maximiliano I de Habsburgo, archiduque de Austria y emperador electo del Sacro Imperio Romano Germánico, y así debilitar a los monarcas franceses de la dinastía de los Valois. Para ello, los Reyes Católicos ‘ofrecieron’ a su hija Juana en matrimonio con el hijo de Maximiliano, Felipe de Habsburgo, conocido también con el apelativo del ‘Hermoso’. Una vez aceptadas las partes el acuerdo se prepararon las celebraciones.
LA BODA
La trascendencia de la boda era máxima ya que era una de las hijas de los reyes castellanos quien se casaba. La boda se celebraría en Flandes y con el objetivo de impresionar a los Habsburgo, los Reyes Católicos prepararon la mayor flota en misión de paz montada hasta el momento. Esta flota se fue concentrando en Laredo (Cantabria), este cortejo estaba formado por una flota de 22 buques de guerra entre naos y carabelas. Además, para incrementar aún más el número de navíos, los reyes ordenaron que unos 60 navíos mercantes que cada año transportaban lana, hierro y otros productos entre Castilla, Bizkaia, Gipuzkoa, Cantabria con Inglaterra, Francia y Flandes. Por tanto, la flota contó con unos 80 navíos, de los que al menos quince superaban las 200 toneladas. No obstante, al final debieron unirse más embarcaciones porque los cronistas hablan de un número superior. El coste económico fue exagerado, unos 135.000 ducados derivados de fletes, vituallas, tripulación y demás gastos necesarios. Se embarcaron no menos de 3.000 tripulantes, otros tantos hombres de armas, un número indeterminado de peones... Además de los miembros del séquito de la futura reina y archiduquesa, personas que no olvidemos llevaban a su vez criados. En las derramas realizadas se describen con detalle las provisiones: 552.000 kilos de bizkotxo, una especie de pan de levadura que se cocía dos veces para que aguantase más tiempo, 320.000 litro de vino, 10.000 huevos..., cantidades exageradas para una empresa nunca vista hasta entonces.
Lógicamente, la aportación de Bermeo fue destacable. Es natural, ya que Bermeo además de ser Cabeza de Vizcaya, contaba con el favor de la corona para participar en este tipo de misiones, el prestigio de sus pilotos, comerciantes.... Recordad la Armada de Vizcaya y su papel en el traslado del emir Boabdil, las generosas donaciones de los Reyes Católicos con los franciscanos de Izaro, y un largo etcétera. Volviendo a la expedición nupcial, en la misma participaron diferentes bermeanos que por sus apellidos podemos entroncarlos con las familias más importantes de la localidad. Atendiendo a las narraciones de los historiadores Pedro de Anasagasti o Zabala-Otzamiz, Martín de Arteaga dirigió una nao con cerca de 200 tripulantes siendo la mayor parte de la tripulación de la localidad, en la misma expedición figuran los bermeotarras Martín de Muxica –tesorero de la princesa Juana- y Juan de Abendaño, Juan de Arteaga y algunos parientes vizcaínos más. Atendiendo a la importancia de la expedición casi con seguridad que el número de bermeotarras fue considerable, destacando sobretodo la presencia de un capitán como es el caso de Martín de Arteaga y del tesorero de la princesa, Martín de Muxica.
La expedición salió finalmente un 22 de agosto de 1496 de Laredo. La princesa Juana viajó a bordo de una carraca genovesa al mando del capitán Juan Pérez. La travesía tuvo algunas complicaciones, incluyendo una breve parada en Portland (Inglaterra) por los fuertes oleajes y la pérdida de la carraca en la que viajaba todo el ajuar de la hija de los Reyes Católicos, que quedó encallada, el cortejo llegó finalmente a a Middelburg (sur de Holanda) en septiembre de 1496 y de ahí a Amberes, donde arribaría el 1 de octubre. La expedición concluyó con la celebración de la boda un 21 de octubre de 1496 en Lier, una diminuta y tranquila ciudad al norte de Flandes.
Como curiosidad os diré que una vez que se iniciaron los problemas mentales con accesos de violencia en la princesa Juana, Felipe, su marido, convencido de su incapacidad mental, ordenó al bermeano Martín de Muxica, su tesorero, anotar en un diario las extravagancias o rarezas cometidas y ordenadas por Juana. Por suerte o por desgracia este diario se perdió. Las crónicas aluden a un mandato de la reina Isabel que mandó destruir dicho diario previendo las intenciones políticas de su yerno.
Fotos: (1) Ilustración de la flota que se dirige hacia Flandes; (2) Imagen de Juana I de Castilla y de Felipe de Habsburgo; (3) Imagen de Lier, localidad donde se produjo el enlace.
Fuente: Historia General de la Villa de Bermeo de Pedro de Anagasti.
*Si os ha gustado pues ya sabéis a compartir ..., y entre todas y todos difundimos la historia de nuestro Bermeo.
(Tiempo de lectura: 2’28’’)




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