JOSÉ RAMÓN DE LUZARRAGA: EL MUNDAKARRA SALVADOR DE BERMEOTARRAS

Hay un libro que me encanta más por sus ilustraciones que por su contenido. Me refiero al libro de Juan Mañé Flaquer, El Oasis: viaje al país de los fueroseditado en tres volúmenes en 1878. El tercer volumen es el que se centra en Bizkaia, y en el mismo se realiza un recorrido histórico por las distintas poblaciones del territorio acompañado de ilustraciones geográficas y etnográficas muy dignas. Cuando llegamos a la descripción que se realiza de Mundaka, además de unas preciosas ilustraciones de la localidad se describe también una curiosa historia sobre la hazaña que protagonizó el mundakarra José Ramón de Luzarraga, salvando la vida de varios bermeotarras en una de las peores, sino la peor, Galerna de la historia.

La Galerna de 1878
Pues bien, cuando llegamos a la descripción que se realiza de la anteiglesia de Mundaka se describe una curiosa historia que aconteció en la trágica galerna del 'Sábado de Gloria’ de un 20 de abril de 1878. Se trataba de uno de los temporales más violentos registrados en el Golfo de Bizkaia y que causó la muerte de 322 arrantzales, 132 cántabros y 190 vascos. Como os imagináis, la conmoción provocada en todo el país fue increíble y a partir de ese desastre se introducirían importantes mejores en la navegación como la cubierta corrida, partes meteorológicos, salvamento de náufragos, etc. Lógicamente, estas nuevas medidas resultaron muy beneficiosas pero no impidieron que se produjeran nuevas y trágicas galernas como la recordada en Bermeo de 1912.

José Ramón de Luzarraga Yturburu
Vamos con nuestro protagonista. José Ramón nació en Mundaka un 25 de febrero de 1829, de familia también mundakarra, su aita Bauptista Luzarraga Abaroa, arrantzale, y su ama, Ana María Yturburu Elespuru, se dedicaba a la dura tarea de gestionar la familia y el hogar. José Ramón desde muy joven siguió los pasos de su padre en el mundo de la mar. Si queréis más datos de su biografía e historia tenéis un espléndido artículo escrito en El Correo por Julio Arrieta. Bueno, en este libro que os he comentado al comienzo, se describe con todo lujo de detalles, cómo se produjo y realizó la valiente hazaña salvadora nuestro mundakarra, José Ramón. Transcribo los acontecimientos:

"En aquella tarde infausta cuando el huracán zumbaba con violencia espantosa y las hirvientes olas ase desplomaban sobre las pequeñas lanchas pescadoras, los pobres náufragos, aferrados a las tablas de sus débiles esquifes, solo podían con esfuerzo sobrehumano prolongar su mísera agonía. El oleaje embravecido pasaba a lo mejor sobre ellos y les arrastraba en fiero remolino hasta el abismo insondable de los mares.
En situación semejante se hallaban cuatro desventurados marineros a unas tres millas de la isla de Izaro con la perspectiva de una muerte segura y en anasiedad horrible, Los cuatro eran jóvenes y tres recién casados. El otro, hermano político de uno de aquellos, fue el primero que perdió por completo las fuerzas «y exclamando acongojado: "No puedo más......¡Adiós, amigos!" extendió los abrazos y desapareció para siempre.
A sotavento apareció a lo lejos una lancha desconocida, la cual para acercarse al punto donde ellos estaban tenía que poner proa al huracán, entonces furiosamente desencadenado. Mandábala el generoso marinero D. José Ramón de Luzarraga.
Al divisar éste a los náufragos que pedían su amparo, levantando tablas y remos dijo a sus compañeros de tripulación: "Muchachos! Ahora o nunca. A ver lo que se puede hacer por esos pobrecillos, aunque nos ahoguemos todos”.
Entonces comenzó una lucha titánica en que mil veces estuvo a punto de zozobrar el frágil barquichuelo, que aparecía y desaparecía entre montañas de agua y a duras penas podía hacer frente al vendaval, a cuyo furioso impulso crujían las mal unidas tablas. Sin verse los unos a los otros, envueltos en la bruma, empapados por las olas que azotaban sus rostros, sin fuerzas ya ni casi aliento, aquellos hombres llegaron a donde les esperaban casi moribundos los que eran objeto de sus esfuerzos, y entonces Luzarraga, sereno en medio de los peligros y de las emociones más violentas, les arrojó un cable y les advirtió que lo ataran a la lancha volcada hasta que pasaran a la suya. Dos de los náufragos cogieron la cuerda salvadora, y sin cuidarse de su compañero se lanzaron al agua ávidos de ganar la lancha. El otro infeliz iba a imitarles y Luzarraga le gritó con fuerza: "Quieto, No te arrojes. Ya volveremos por ti y te salvaremos o moriremos juntos”.
Mientras recogían a los dos primeros, las olas les separaban de aquel desdichado, y luego empeñaron una nueva y desesperada lucha con los elementos. Cuando ya estaban cerca de conseguir su objeto, una ola espantosa arrebatando con violencia horrible a la lancha de Luzarraga la arrojó sobre la que servía de apoyo al náufrago sin ventura, que desapareció bajo la quilla de la que volaba en su socorro y la cual quedó montada sobre la otra.
"Ya no es posible hacer más”, dijeron los fatigados marineros: “el hombre ha desaparecido. ¿Desaparecido?", exclamó José Ramón: "entonces no hemos hecho nada.,.. Es preciso salvar a los tres”.
Y sin desesperar jamás, se esfuerza por hallar al tercer náufrago, descúbrele por fin su penetrante y serena mirada, y Dios premió los heroicos esfuerzos de aquel hombre generoso, que poco después recibía en su casa y asistía como a hijos a los tres que le debían la vida.
José Ramón de Luzarróga es un pobre pescador sin más esperanzas que la miseria en su vejez y muchos trabajos en su edad viril, ya gastada por las penalidades de su profesión rudísima. Tiene un hijo y seis hijas, tres dedicadas al servicio doméstico y una enferma. En 1853, salvó á 13 náufragos en la pequeña lancha que mandaba, y S. M. la reina Doña Isabel II, a propuesta del Ministro de Marina le concedió una cruz sencilla de María Luisa”.

No deja de ser una narración costumbrista y grandilocuente con el propósito de resaltar la figura de nuestro protagonista, pero sin duda no deja lugar para las dudas del acto de valentía que realizó, y que los medios de comunicación del momento lo resaltaron como se debía. Además, toda esta hazaña fue recompensada con una insignia no acta para cualquiera: la Cruz de María Isabel.

Fuentes utilizadas para esta píldora: Julio Arrieta en El Correo, o 'El héroe de Izaro'.

Fotografías: Todas están tomadas del libro que os he comentado. Os he dejado el link.

Agradecimientos: a todas y todos los que entienden que la difusión del patrimonio e historia de un pueblo también se puede realizar de esta manera. Siempre con humildad y respetando cuando es necesario las básicas leyes científicas del respeto a la fuente bibliográfica.

Tiempo de lectura: 3' 11'' / Tiempo de elaboración de la píldora: unas 2 horas de investigación y redacción.

*Si os ha gustado compartir y difundir, y entre todas y todos hacemos más grande nuestro pequeño paraíso

José Ramón de Luzarraga caracterizado

La Galerna de 1878

Mundaka e Izaro

Tipos de campesinos de Mundaka

Izaro, desde Mundaka

Vista general de Mundaka desde el camino hacia Gernika



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